jueves, 6 de diciembre de 2018


Relato de una corta escapada

a la bella ciudad de Bratislava 



Impresiones de Bratislava en Adviento


Han pasado unos cuantos días y todavía no fluyen las letras que describan nuestro
paseo por la ciudad de Bratislava. Pienso que me pasa lo mismo que a los atletas,
necesito un pre calentamiento. A no ser, que los “cortitos” durante el viaje hayan
influido, ...no, eso no lo creo. Con el solo recuerdo del viaje en tren hacia nuestro
destino, una sonrisa enmarca mi cara. Nos sentimos muy a gusto y podría decir,

que no nos fijamos en el paisaje, ni percatamos que nuestro tren iba en movimiento.
Sólo existíamos nosotr@s, y los niños, que de a poquito iban entrando en confianza
y hasta nos repartieron dulces - en vez de nosotros a ellos. Qué lindo! Fué un detalle,
un deleite, el que me impresionó mucho y creo que tod@ (los adultos),
experimentamos lo mismo. Por supuesto, esos momentos mágicos los asimilamos
y almacenamos en el subconsiente y ahora, mientras doy libertad al flujo de
palabras, estas brotan esponameamente dejando que las llemas de mis dedos
pulsen con más entusiasmo y rápidez las letras de mi teclado. Aquí tengo que
alabar a nuestros acompañantes varones. Ellos, cargados de buen humor y
picardías embotelladas, aumentaron significativamente el grado de alegría, el que
aumentaba paulatinamente hasta la misma llegada a Bratislava, que si no hubiese
sido la última estación, creo que habríamos continuado viajando, esto último lo digo
solo para enardecer un poco el significado de viajar en grupo, con personas sanas
y alegres que te llenan el alma y te hacen vivir ese sentimiento de unidad, enlazando
más la amistad.
Nuestro viaje comenzó en el punto de encuentro acordado, en la Estación Central
de Viena. Los pasajes se compraron con antelación. Fué todo bien organizado y la
coordinación de subida de los soci@s en las tres Estaciones elegidas ocurrió sin
percanses. Para que todos viajaramos en el mismo vagón los asientos fueron
inmediatamente “reservados” con bufandas y abrigos para los que subirían mas
tarde. La puntualidad de todos fue digna de aplausos.
Al estar los veintinueve acomodados, nuestra presidenta nos dió detalles del motivo
de nuestro viaje, mientras se repartían las informaciones por escrito, de la ciudad a
visitar, a cada uno de los integrantes del paseo.
La trayectoria fué corta. Unos brindis para auyentar el frío de pies y manos y del
corazón...y simsalabin... en una hora llegamos a la Estación Central de Bratislava.
Como siempre, bueno, no digo como siempre ya que algunos por primera vez
pisaba suelo eslovaco, comenzamos a buscar la salida y que por aquí, que no, que
por acá, hasta que dimos con la preciada estación de la linea uno de tranvía. Claro
está, que primero estaba la tarea de perpetuar el comienzo de nuestra odisea... a
sacar las cámaras, iPads, handys...todo lo que reprodujera imágenes, para
eternizar esos momentos que en solo un segundo mas ya serían el
pasado...nuestro Baluarte, infaltable en cada evento, fue desplegado a lo ancho
luciendo el blanco, azul y rojo con su blanca Estrella, inconfundible emblema
chileno, gritando un “chi, chi, chi...Viva Chile” para asombro y sonrisa de los
pasantes.
Una vez en el tranvía, muy moderno por lo demás, percibimos un edificio que
acaparó nuestra antención o quizás la de algunos, una Pirámide invertida, que es
la Sede de television y Radio Nacional de Eslovaquia. Nuestro recorrido fue
flanqueado por ambos lados por sombríos edificios los que albergan a bancos y
ministerios. El resto, lástima, paredes llenas de graffitis, me pareció un poco como
sin encanto.
Descendimos en la estación programada frente al Antíguo Mercado y saludamos
nuevamente a esta ciudad fotografiándonos como de costumbre. Decidimos entrar
a éste hermoso Mercado cubierto. En él encontramos todo tipo de puestos, con
alimentos orgánicos, verduras y frutas traidas por campecinos, los que ofrecian sus
propios productos, pasteles, vinos, pastas, quesos....etc., el piso superior también
muy concurrido, gente comiendo y comprando especialidades eslovacas.
Continuamos dejando atrás éste Mercado Antiguo que debe su nombre por ser el
primer Mercado cubierto de Bratislava, construido en 1910 el que anteriormente fue
un bastión del siglo XV, que formaba parte de la fortificación de la ciudad. A los
interesados por la historia, nos deja un sentimiento de nostalgia y satisfacción al
ver esta reliquia bien conservada.
Avansamos por una calle lateral empedrada
hasta llegar al antíguo Ayuntamiento, en cuyo patio interior nos esperaba un mercadillo muy especial con puestos de artesanía, un corral con ovejas, y al pié de una fogata un artesano vertiendo pequeñas cantidades de plomo formando figurillas, y lo más hermoso, un grupo de voces femeninas con vestimenta típica nacional, cantando villancicos al son de las guitarras difundiendo ese
toque alegre y simpático de los eslovacos.
Atraidos por los aromas dulces y de la inconfundlible canela atravesamos el pequeño tunel peatonal el que comunica este patio con la Plaza Mayor. Lo primero que dominó nuestra mirada fue el inmenso Arbol de Navidad. Aquí acordamos que sería nuestro punto de encuentro a las cuatro de la tarde, dándole al grupo tiempo libre para realizar compras, almorzar y caminar a gusto por las fascinantes callejuelas medievales.
En esos momentos el reloj marcaba la trece horas. Algunos partieron a un Centro commercial ubicado fuera del casco antiguo, y según comentarios, con una excelente gastronomía y tiendas de marca. Bueno, para todos los gustos. Otros eligieron un típico local eslovaco. Algunos quedaron encantados y otros desepcionados, los sabores no son los mismos. Cabe señalar, que Eslovaquia, debido al fluido turismo, ha adoptado algunas comidas de los países vecinos. Aunque, para nuestro asombro, no encontramos asadores de castañas.
Protegidos bajo un techo de madera, nuestro grupo decidió saborear una especialidad local en un puesto de la Plaza principal. Recuperadas nuestras fuerzas, nos encaminamos hacia el próximo Mercadillo de Navidad frente al Teatro Nacional; Eso sí, antes de recorrerlo nos dimos cuenta que echábamos de menos el inflatable Cafecito. Sin tituvear entramos al famoso Café Korso, regocijándonos del calor interior y de la Buena atención.

Salimos nuevamente a enfrentarnos con la nieve y el frío, pero ya recuperadas y felices de compartir y disfrutar de ésta tarde tan especial en una ciudad pequeña pero con encanto. A la izquierda, la embajada de EE.UU. rompiendo el ambiente histórico con una valla de protección muy antiestética con soldados vigilando. Al frente, a cinco pasos de
la calle, teníamos el hermoso arbol de navidad adornado con cintas rojas y luces de colores.
Éste Mercado en la promenade o Hviezdoslavovo Námestie, nos ofrecía una y mil cosas interesantes como juguetes de madera, vidrio, cuero, mimbre, muchos productos de artesanía de cera, abeja y delicias eslovacas, carne a la parrilla, pan, galletas, barquillos y panqueques.
Lo que nos llamó mucho la atención, un artesano frente a un asador de tambor tostando en aceite granos de trigos inflados, un cereal integral, el que comunmente encontramos en las cajas de Müsli de los supermercado. Esa especialidad, que no habíamos visto en otras partes, mezclada con miel, canela y una pizca de licor de nuez, emanaba un aroma acaramelado exquicito. Cosa aun más curiosa, ninguna de nosotras se atrevió a probar.
Devolviéndonos ya al punto de encuentro y escoltadas con el olor a canela nos encontramos con Victor -mas bien dicho él nos encontró a nosotras- nos contó que venía del Castillo. Menos mal que nosotras no lo intentamos, ya que el empedrado y las escalinatas estaban muy resbalosas, dijo. Se agregaron a nuestro grupo Isabel y Charly. Nos retratamos frente a la gran estatua de Pavol Hviezdoslav, personaje famoso, el padre de las letras eslovacas, que da el nombre a ésta Plaza. Infaltable foto y video frente al arbol con nuestra bandera y no faltaron los turistas curiosos animados por nuestra alegría de posar con nosotros.
Muy entretenidos avanzamos admirando la iluminación y el ambiente mágico de Adviento.
El recorrido peatonal por la noche en el centro histórico fue fascinante, sus callejuelas medievales engalanadas con su decoración navideña, no diremos spectacular, pero sí vivimos la espléndida atmósfera de estos días previos a la Navidad en la plaza Hlavné, así como en el patio del Antíguo Ayuntamiento con sus hermosas artesanías históricas y, como contaba anteriormente, en la Plaza frente al Teatro Nacional.

Llegada la hora estipulada -con un poco de elástico- reencuentro de todos los integrantes del grupo. Algunos llegaron con gorros navideños, las fotos hablarán por si solas, encantadoras. Contagiados por la alegría del reencuentro, todos bajo el arbol alzando los vasos de ponche caliente, aguamiel y
unos aliados de vino blanco caliente con licor de nueces...Mmmmh...y el rico licor de Charly, ese momento y esa foto! Sí, recuerdo inolvidable.
Por decisión unánime nos encaminamos a un café para intercambiar impresiones y deleitarnos con las odiseas de cada uno vividas en esas horas. Atravesamos todo ese scenario lleno de gente y buen humor, percibiendo los olores de diferentes manjares y nuevamente apreciando los productos de artesanía y textiles. Cautivados por el olfato, entramos al Café “Schokocafe Maximilian”, justo frente a la plaza, a saborear un exquisito chocolate caliente, espeso y cremoso acompañado con alguna de las tortas regionales que elegimos dejándonos un gustillo inolvidable.
En la parada del Tranvía, avecinándose la hora de nuestra partida, entablamos conversación con Stieven, un simpático pensionista eslovaco, el que se esmeró hablando
en nuestro idioma, nos retratamos y brindamos con él (de las picardías embotelladas de Manuel y Charly), acompañados por la euforia de espantar el frío a medida que avanzaba la noche. Con un coro de risas abordamos el Tranvía que nos llevó de regreso a la estación Central.
Aquí la puntualidad se escribe, pero al parecer, no se practica. Nos dimos un plantón de media hora, aunque no lo sentimos, entretenid@s con los ojos fijos en la pantalla de horario de salidas de trenes, frente a nuestras cabezas. No eramos los únicos, el foyer estaba repleto, y todos con la misma idea: ser los primero en correr, atravesar la pequeña Puerta que nos separaba del andén, subir y conseguir asientos para todos en un solo vagón. Cecilia con la bandera en alto, todos esperando la frase: “al ataqueeee”. Qué traviesos tod@s! De nada nos sirvió, los parlantes anunciaron otros cuantos minutos de atraso.
Al fín todos sentados y satisfechos con nuestra aventura, seguimos cargados de muy buen humor y cantando en dirección a Viena, con la certeza de haber compartido y enlazado amistades más profundas y de recordar este viaje con cariño y con la esperanza de reunirnos nuevamente y de que para el próximo viaje organizado por nuestra asociación, “Comunidad Chilena en Austria“, se inscriban más socios y así compartir relaciones humanas con actividades culturales.
Nuestro viaje fue mas bien una escapada, motivad@s por la necesidad de aprender, de desrrollarnos, de evolucionar, de vivir y de convivir en camaradería, como grupo.
Si bien es cierto, Bratislava es una ciudad pequeña, posee y presenta un importante e interesante legado cultural, asi como un hermoso centro histórico medieval bien conservado, además pequeña y manejable, donde pudimos ir a pié a los puntos de nuestro interés, los que fueron realmente pocos, ya que la idea era visitar los mercados de Navidad en ‘Bratislava, y así fue, mision cumplida.


Maggie/Margarita Alonso
En Viena, 3 de Diciembre 2018

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